La Denominación de Origen Toro cuenta con un Consejo Regulador que vela por las normas establecidas en el Reglamento, que garantiza la calidad del producto (Orden 29 de mayo de 1987 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) aunque en un Decreto de la II República, en el año 1932, Toro ya viene recogida como Denominación Origen. Este Consejo avala la calidad a más de cincuenta bodegas amparadas, autorizándose la elaboración de vinos blancos, rosados y tintos estos últimos con la mención de “jóvenes”, "jóvenes roble“, crianzas”, “reservas” y “grandes reservas”.