Llegar a Otazu pudo ser, en otras épocas, acercarse a un Señorío histórico en el que el maridaje de la piedra y del paisaje despertaba el gozo de la contemplación serena y recogida.
Así se ha recogido el testigo y la herencia de sus primeros habitantes en la Baja Edad Media, cuando el vino no faltaba en mesa alguna.